Clases de telescopios

El desarrollo de telescopios en la actualidad nos ha llevado a comprender muchos misterios del inmenso universo en el que vivimos. Hoy en día existen varios tipos de telescopios que funcionan con diferentes tecnologías para explorar el cosmos de los cuales describiremos aquí.

Telescopio refractor o de lentes


Es el modelo de telescopio más antiguo y por ello el más conocido. En ocasiones también se denomina telescopio galileano. Está compuesto por un conjunto de lentes que captan la luz y la concentran en el foco, donde colocaremos el ocular. Existen distintas configuraciones ópticas para este conjunto de lentes -dobletes, tripletes, diseño petzval, etc- y cada una ofrecerá una calidad y una corrección de las aberraciones ópticas diferente.

El principal defecto de los refractores es su cromatismo, que se traduce en que aparecen un halo rojizo y otro azulado a ambos lados de los objetos más brillantes. Esta aberración óptica es producida por la refracción de la luz en las lentes del telescopio, aunque pueda estar corregida en mayor o menor medida. Según este parámetro los refractores se clasifican en acromáticos, cuando el cromatismo es todavía muy notorio, y apocromáticos, cuando esta aberración es prácticamente inapreciable.



Telescopio reflector o de espejos


El telescopio reflector está compuesto por un espejo cóncavo situado en el extremo inferior del tubo, que concentra la luz y la dirige hacia un espejo secundario plano de menor tamaño situado en la boca del tubo, que rebota la luz a 45º y la dirige hacia el ocular. Hay que tener en cuenta que una parte del diámetro del objetivo queda tapado por el espejo secundario, por lo que su área útil suele ser entre un 10 y un 20% inferior.

Existen varios tipos pero el diseño más utilizado es el sistema Newton, que recibe su nombre en honor a su diseñador. Son más voluminosos que los refractores y su manejo es menos intuitivo, puesto que el ocular está situado cerca de la boca del telescopio. Estos telescopios sufren de coma o aberración comática, que hace que las estrellas no aparezcan del todo puntuales.

Su calidad óptica es, por norma general, inferior a los buenos refractores, pero su apertura suele ser mucho mayor. Por eso se dice que estos telescopios destacan sobre todo en la observación de cielo profundo (nebulosas, galaxias, etc.), ya que son objetos lejanos y muy débiles en los que necesitamos de aperturas muy grandes para verlos mejor.


Catadióptricos o Cassegrain


Están formados por lentes y espejos, intentando solventar los defectos que presentan los diseños anteriores. El objetivo es un espejo cóncavo pero en la apertura hay una lente correctora que sostiene un espejo secundario, que dirige la luz hacia un hueco en el centro del espejo principal en el final del tubo.

Este diseño hace que la distancia focal de este tipo de telescopios sea muy grande, mientras que el tubo tiene un tamaño muy ajustado. Son tubos cortos y pesados pero fáciles de transportar por su escasa longitud. Su calidad óptica es buena pero no llegan a superar a la de un buen refractor y se quedan a medio camino entre ambos diseños, convirtiéndose en un telescopio todoterreno excelente pero sin un campo concreto en el que destacar. Existen distintos diseños y configuraciones ópticas: Smicht-Cassegrain, Maksutov-Cassegrain, Ritchey-Chrétien, etc.






 

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